miércoles, 7 de octubre de 2009

Mujeres en las letras: Cristina Peri Rossi


Poeta y novelista nacida en Montevideo, Uruguay, en 1941. Su madre, maestra, la inició en el amor a la literatura y la música, y la instruyó en los ideales feministas de igualdad. Trabajó y estudió hasta licenciarse en Literatura Comparada, cuya enseñanza ha ejercido durante muchos años. Su primera colección poética constituyó un pequeño escándalo por su erotismo y sus transgresiones sexuales. Tras el golpe militar uruguayo tuvo que exiliarse en Europa desde 1972. Obtuvo la nacionalidad española en 1974. Desde entonces ha publicado varios libros que han gozado del aprecio de la crítica y los lectores: «Evohé» en 1971, «Descripción de un naufragio» en 1974, «Diáspora» en 1976, «Lingüística general» en 1979, «Europa después de la lluvia» en 1987, «Babel bárbara» en 1991, «Otra vez Eros» en 1994, y «Aquella noche» en 1996. Su obra ha sido traducida a varios idiomas y galardonada con los más prestigiosos premios literarios, entre los que se encuentra el Premio Internacional de Poesía Rafael Alberti, obtenido en enero de 2003.


Su Obra:

AFRODITA

Y está triste como una silla abandonada en la mitad del patio azul Los pájaros la rodean Cae una aguja Las hojas resbalan sin tocarla Y está triste en mitad del patio con la mirada baja los pechos alicaídos dos palomas tardas Y un collar sin perro en la manoComo una silla vacía.

"Diáspora" 1976


BITÁCORA

No conoce el arte de la navegación quien no ha bogado en el vientre de una mujer, remado en ella, naufragado y sobrevivido en una de sus playas.

"Linguística general" 1979


DEDICATORIA

La literatura nos separó: todo lo que supe de ti lo aprendí en los libros y a lo que faltaba, yo le puse palabras.

"Evohé" 1971

INVOCACIÓN

Si el lenguaje este modo austero de convocarte en medio de fríos rascacielos y ciudades europeas fuera el modo de hacer el amor entre sonidos o el modo de meterme entre tu pelo.

"Diáspora" 1976

LAS PALABRAS SON ESPECTROS

Las palabras son espectros piedras abracadabras que saltan los sellos de la memoria antigua Y los poetas celebran la fiesta del lenguaje bajo el peso de la invocación Los poetas inflaman las hogueras que iluminan los rostros eternos de los viejos ídolos Cuando los sellos saltan el hombre descubre la huella de sus antepasados El futuro es la sombra del pasado en los rojos rescoldos de un fuego venido de lejos, no se sabe de dónde."

“No es tiempo para rosas rojas” de Antonieta Madrid


Al finalizar la década de los 50, la caída de la dictadura de Pérez Jiménez fue de vital importancia para la historia de la literatura; llegó la buena noticia de libertad política y se abrieron las puertas a una nueva generación.La década de los 60 marcó una pauta dentro de la literatura venezolana. Argenis Martínez (2.004) afirma que la abundante literatura que arrojó esta década no tiene comparación en nuestra historia literaria. Nunca antes en Venezuela había tenido lugar tal efervescencia de grupos, revistas y periódicos, panfletos, polémicas y controversias de grupos asignados por el afan de inaugurar una nueva literatura en el país.Con éste tiempo llegó un abanico de posibilidades: la moda, la música y los aires de revolución, causando así esa heterogeneidad o hibrides cultura que se vive hasta nuestros días.Vicente Peña Palominos, afirma que América Latina se caracteriza fundamentalmente por su heterogeneidad cultural, al mismo tiempo que la era tecnológica avanza con su pasado automatizado, existen prácticas del realismo mágico, mitos y supersticiones, se vive en un presente que recibe aportes de distintas etapas históricas que aún permanecen.

Esta heterogeneidad cultural se convierte en fuente posibilitadora del desarrollo en la medida que existe real integración entre los pueblos, la diversidad como unidad permite una hibrides cultural, en síntesis de lo heterogénico, crecimiento propio a través de lo ajeno.Por otro lado, tenemos a Néstor García Candini, dice que los procesos de hibridación no son siempre espontáneos ni necesariamente ocurren de una manera imprevista. Muchas veces grupos e individuos conscientes e intencionalmente adaptan sus tradiciones culturales, sus saberes y prácticas a nuevas circunstancias y producen así formas culturales híbridas; éstas formas culturales híbridas son las que refleja la juventud inmersa en la obra literaria “No es tiempo para rosas rojas”.En la siguiente cita vemos como comienza ese intercambio por medio de la música:“El tirabuzón penetra el corcho y el tapón salta, hasta el techo, un disparo, un grito que celebra ¡somos libres!, ¡libres! Allá a lo lejos los Beatles se escuchan, yesterday, all my troubles seemed so faraway… yesterday, oh yesterday, ya todo quedó atrás” (pág 28).En este fragmento podemos ver como la juventud celebra el grito de su libertad para ellos una libertad que estuvo capturada por los años de la dictadura, éstos jóvenes presentes en el texto vivían sus grandes momentos en compañía de grupos musicales que estaban muy de moda para la época como lo eran: los Beatles, Gilbert Becaud, Rolling Stones y otros cantantes de origen extranjero; ellos repetían, bailaban y vivían sus canciones cito:“y nos pusimos a oír discos y canciones de Gilbert Becaud y Roberto me apretaba contra su pecho y comenzó a besarme como un desaforado, me besaba la cara y la boca, y el cuello y hombros y me mordisqueaba y yo no, no ¿qué es eso?” (pág 42).Vemos como esos jóvenes se dejaban llevar por sus emociones al escuchar esa música. Dentro del texto literario “No es tiempo para rosas rojas” nos vemos envueltos dentro de un ambiente musical de la época de los 60, donde se nos describe como en momentos de alegría y dolor, los Beatles y otras tendencias musicales que marcaban la pauta.“yo también había visto a Rosarito en el hospital toda quemada, toda cubierta, apenas los ojos y la boca libres de las vendas, why she had to go I don’t know…y eran los labios de Rosarito estirándose dolorosamente para sonreír en un último esfuerzo y eran los Vétales: love was such an easy game to play…” (pág 51).En éste pudimos ver como en un momento de dolor estuvo presente la música Norteamericana que los acompañaba.Para los años 60 Venezuela entra a lo que se conoció como verdadera libertad y con ésta se logró construir una democracia perdurable, pero trayendo como consecuencia el ideal Estadounidense de la perfección y la cultura desarrollada, “tejía un abriguito de lana amarillo pollito, para el bebe de Adita, nacido hace ocho días en Filadelfia…que adelanto, que pulcritud y la perfección, todo estaba previsto, hasta el día del parto…” (pág 47). En ésta parte apreciamos como existía esa atracción y preferencia por el adelanto y la perfección que existe en el exterior, mientras que la realidad que atravesaban los venezolanos era otra, atravesaba los momentos más difíciles de la historia.El anhelo de viajar a otro país y vivir los avances sociales de los países desarrollados era un gran sueño para la juventud y la población venezolana de los años 60. cito: “mamá, quien últimamente estaba como loca con el viaje a Filadelfia se había pintado el pelo y se la pasaba acomodando la ropa y los corotos que iba a llevar para el viaje” (pág 85).A raíz de estos viajes hechos por los venezolanos, permitían copiar costumbres que eran traídas a nuestro país para mezclarlas con nuestras costumbres.Fenómenos políticos ocurrían en diferentes partes del mundo, en París comienzan las revueltas estudiantiles, las barricadas bloquearon las calles de París, la autora de “No es tiempo para rosas rojas” cursaba sus estudios en la Universidad Central de Venezuela y durante las suspensiones de clase, ocasionada por los disturbios de la época, viajó a París donde vivió en carne propia las situaciones de rebeldía popular, lo que tuvo que haber marcado sus recuerdos, ya que refleja el conflicto político en su obra literaria.Además en Cuba el golpe de Batista y la revolución comenzaban por Fidel Castro, se escuchaba por el resto del mundo, lo que hizo despertar en la juventud fuerzas para manifestar igualmente sus deseos e ideales siguiendo los esquemas de la revolución Cubana y es clara manifestada por Antonieta Madrid en su obra, cito “y hablaban de cambios y revoluciones y todas las medidas aplicables ¡claro! Que éstas condiciones no son las de Cuba, ni aquí tenemos un Fidel, pero surge, los pueblos hacen los líderes” (pág 40). Aquí podemos apreciar cómo los jóvenes venezolanos adquirían las conductas extranjeras para formar nuevos grupos revolucionarios dentro del país, Antonieta Madrid demuestra cómo surge ese sentimiento de lucha por cambios políticos en Venezuela e insita al despertar de la conciencia del pueblo.Así como también se puede ver en la siguiente cita claramente como la juventud estaba empapada de esos aires de revolución que llegaba al país. Cito: “un cuadro revolucionario no podía sacar malas notas ni mucho menos ser aplazado, había que mantener la revolución en alto” (pág 58).Está claro como eran los ideales de los jóvenes revolucionarios que siempre tenían que permanecer en pulcritud en todo momento.También en la mujer hubo un gran cambio, ellas estaban deseando poder expresar lo que sentían y lograr manifestar sus opiniones con la llamada liberación femenina que comenzó en Europa y logró extenderse por todo el mundo, sin que pudiese escapar Venezuela, lentamente la mujer Venezolana comenzó a hacer valer sus derechos, con la posibilidad de ingresar a la universidad, donde se comenzaba a hacer sentir, en la siguiente cita la apreciamos: “quería hacer cosas grandes, bien grandes y peligrosas y todo me parecía poco era verdad, todas esas tareitas del partido las hacía como si nada, pero quería participar en cosas más grandes, más importantes” (pág 36).En este fragmento son muy notorias las cosas importantes que la mujer quería hacer, cómo se quería hacer sentir dentro de una nueva sociedad que se estaba gestando.Dentro de toda ésta oleada de cambios que comenzaron a surgir no podía quedar por fuera la moda y la vestimenta, las formas de vestir de la mujer venezolana cambió por completo, con lo que cobró mas fuerza el género femenino, donde ya se comenzaba a dejar ver más la silueta con la minifalda y los bluyins ajustados. Antonieta Madrid demuestra cómo la moda extranjera marcaba influencia en el vestir venezolano:“y me puse un conjunto de tela de bluyin rosado fuerte con chaqueta estilo safari, las costuras del hilo del mismo color y unos botones plateados con el estilo de American Army en el frente de las chaquetas y en las tapas de los bolsillos y en las puntas”.En la obra literaria “No es tiempo para rosas rojas”, Madrid nos esta mostrando cómo el vestir de los venezolanos comenzaba a hibridarse con los diseños Europeos y Americanos que comenzaban a formar parte del vestir venezolano.La generación de los 60, también logró cruzar nuestra lengua Española con diferentes lenguas como la inglesa y la francesa y vemos esa mezcla marcada dentro de la obra literaria. Cito: “por nada del mundo iría a acompañar a Marlene al leváis roon..:” (pág 56). Además de: “y me agarrabas la mano y me la besabas y me decías: Bon Sair mademoiselle y yo riéndome, te decía, Bon Sair. No será Bon Jaur…” (pág 68). Se evidencia como ese cruce de cultura se estaba dando en el momento.Venezuela durante la década de los 60 estuvo marcada por esa hibridación cultural que transformó este país para siempre, haciendo de esta época un momento mágico para la historia llena de deseos y fenómenos imborrables que perduran en el recuerdo y que hoy sirven para estudiarlos y para demostrar que el punto de partida de la hibridación cultural en Venezuela fue a partir de esta época.Donde Antonieta Madrid nos demostró los grandes acontecimientos que marcaron el rumbo de este país donde esos cambios bruscos tormentosos no eran un tiempo para rosas rojas.

Autor: Edward Galíndez

La Melancolía en “¿Dónde estás Ana Klein?” de Ana Teresa Torres


Ana Teresa Torres (Caracas, 1944) Después de muchos años dedicados al ejercicio del psicoanálisis y a la docencia, ganó en 1984 el concurso de cuentos del diario El Nacional y desde entonces la escritura fue ganando terreno hasta absorber su tiempo por entero. En 1990 Monte Ávila Editores publicó su primera novela Exilio en el tiempo, seguida por Doña Inés contra el olvido, 1992, que ha sido traducida al inglés por Gregory Rabassa y publicada en los Estados Unidos, 1999. Otras publicaciones han sido Vagas desapariciones, 1995, Malena de Cinco mundos, 1997 y Los últimos espectadores del acorazado Potemkin, 1999. En ese recorrido ha recibido varios premios (Municipal de Caracas 1991 y 2000, y Narrativa del Consejo Nacional de la Cultura 1991, Bienal Mariano Picón Salas 1991 y Pegassus 1998 y escribe colaboraciones de prensa y revistas literarias. Cuando hablamos de melancolía, debemos partir de la psicología, por un lado Freud nos dice que: “se caracteriza psíquicamente por un estado de animo profundamente doloroso, una cesación del interés por el mundo exterior, la perdida de la capacidad de amar, la disminución del amor propio. Se singulariza en lo anímico por una desazón profundamente dolida, una cancelación del interés por el mundo exterior, la pérdida de la capacidad de amar, la inhibición de toda productividad y una rebaja en el sentimiento de sí que se exterioriza en autoreproches y autodenigraciones y se extrema hasta una delirante expectativa de castigo”. Tomando las palabras de Freud, dirijámonos al cuento “Dónde estás Ana Klein”, encontramos rasgos de personajes melancólicos, como por ejemplo cuando se lee: “…Cuando Ernesto se fue, la intimidad disminuyó. Es decir, desaparecieron los zapatos que a veces dejaba olvidados al lado del sofá, las tazas de café, y los libros desparramados sobre la mesa del comedor. Algunos pacientes notaron el cambio y otros no, pero en ningún caso Ana aludió al asunto. …” En esta cita, observamos como algunas palabras dan indicios de esa disminución de amor propio además de una cesación de interés por el mundo exterior, cuando leemos “libros desparramados sobre la mesa” o “zapatos olvidados”. O en este otro ejemplo: “…No había ninguna razón para seguir sosteniendo el hilo de sus vidas. Mucha gente le había preguntado por qué seguía conservando el apellido de casada y siempre contestaba lo mismo…”. Por otro lado Kristeva, opina que “el melancólico es un extranjero en su lengua materna, ha perdido el sentido y el valor, la lengua muerta que habla y que anuncia su suicidio…”. En la siguiente cita podremos ver como el personaje principal ha perdido ese valor y ese sentido que dice Kristeva, pues se siente extraña en su propia ciudad, cito: “…Nunca le había terminado de gustar Caracas. Era una ciudad sin aceras para caminar, había una sola calle con cafés, y en ella demasiados argentinos buscando prensa sureña en el quiosco de uno de ellos y atizando la nostalgia nocturna…” Además Kristeva añade que el melancólico anuncia “un abismo de tristeza, de dolor incomunicable que nos absorbe a veces, y a menudo duraderamente hasta hacernos perder el gusto por cualquier palabra, por cualquier acto, inclusive por la vida”. En la siguiente cita podemos notar que la melancolía se ha apoderado de Ana. “…Cambiarse el nombre por el de casada o volvérselo a quitar cuando se deja de estarlo, era como dejar los zapatos en la sala, una manera de anunciarle al mundo los vaivenes de la intimidad. Ernesto no tenía que ponerse ni quitarse nada por el hecho de dormir o no con ella…” En síntesis, basándonos en los postulados de Freud y Kristeva, podremos descubrir la presencia de la melancolía en el personaje de Ana Klein, cuyos rasgos hacen de este texto un relato de lo cotidiano, de las relaciones humanas.

Autor: Luis Echeverría

Discurso Carnavalesco : un estudio del personaje en “La Cruz más lejana del puerto” de Edilio Peña

Chia Lin : “El gran Duque ha dicho: El que busca la victoria con la espada desnuda no es un buen general”. (El Arte de la Guerra)

Esta frase, tomada de “El Arte de la Guerra”, engloba quizás la esencia del personaje “El Raro”, que ya de por sí su nombre indica la desacreditación de la figura del militar en el imaginario social de “La Cruz más lejana del Puerto” del escritor cumanés, Edilio Peña; y quizás como abreboca a la invención de su “Dios manco” en la figura de “Homero”, de “El acecho de Dios” su producción más reciente. En sus textos se evidencia lo complejo y lo artístico, la construcción perfecta de una trama que envuelve y captura, al mismo tiempo que enamora y deleita. Es por ello que cada una de las voces que respiran tras sus letras, son personajes enmarañados que actúan y hablan con desconcierto, como el caso de El Raro. No existe un hilo que logre atar el momento en que son y dejan de ser ellos para convertirse en la voz de sus fantasmas.
Como es saber de todos, durante las manifestaciones carnestolendas, las personas se disfrazan para no ser reconocidas, un síntoma de la sociedad que nos conduce a explorar nuestras voces ocultas, sin que otro asalte nuestra vida logramos proyectar deseos insondables del alma. Estas fiestas, desde la época medieval, según Bajtin (2001) “Ofrecían una visión del mundo, del hombre y de las relaciones humanas totalmente diferente, deliberadamente no-oficial, exterior a la Iglesia y al Estado; parecían haber construido, al lado del mundo oficial, un segundo mundo y una segunda vida…”, es decir, que a través de ellas uno puede manifestar los sentimientos escondidos sin afectar la imagen pública que tenemos dentro de la sociedad. Esto es lo que de una u otra forma Bajtin denomina “carnavalización e inversión”, valiéndose del símbolo del carnaval para alterar y contravenir las estructuras de jerarquía establecidas en un texto. Para él la carnavalización “es un término cargado de contenido político, pues revela una contraideología, una contracultura que se opone a la norma y autoridad” (Bajtin, 1992 citado por Viñas 2002: 467).
En la figura del “Raro”, el juego entre dos personalidades, una como militar y otra como El Libertador , nos revelan entre líneas como a través del ridículo, de la parodia e ironía, se denuncian los problemas filosóficos de la situación político-social de Venezuela en cuanto a la definición de la “verdadera revolución”, esto ocurre cuando el espíritu de Simón Bolívar se apodera del cuerpo del Raro. En este caso notamos cómo es revelada, dentro del mismo personaje, una contraideología, ya que él es todo lo contrario al ideal bolivariano, pero aún así insiste en serlo. Cuando nos acercamos al estudio del personaje sin duda su discurso tiende a ser un arma, más aún cuando sobresale entre los demás con revelaciones trágicas y subversivas, puesto que éste nos dejar ver, de una u otra forma, el pensamiento del escritor, su cosmovisión del mundo y de la sociedad. Y si sumamos a ello la presencia de la parodia y la ironía para carnavalizar el discurso, estaremos ante la risa como instrumento de comunicación entre el escritor y el lector y ante la forma de desmitificar el discurso. En un primer momento revisaremos el proceso de enajenación del personaje y en segundo lugar la presencia de la ironía y la parodia en su discurso.
La enajenación del personaje
El personaje del Raro, es de por sí producto de una relación extramarital, lo que poco a poco lo conducen a sumirse en otro individuo para afrontar su propia realidad, su vida está rodeada de máscaras y paradojas , hermano de un actor, hijo de una mujer que anda desnuda con un pájaro en el hombro diciendo que es la “Madre de la Patria”, cuyo cuerpo a veces sirve de médium para el espíritu del Libertador, y de una hermana que vende su historia familiar a un programa de televisión para un Reality Show; con todos estos simulacros de vida, él se oculta tras la figura del militar como símbolo de seguridad y equilibrio, que sin duda alguna no posee, hijo de además de un “negro” cuyo fantasma lo agobia para vengar la traición de su madre, y criado por un militar blanco que lo maltrata .
Cito “…Manuel eligió la profesión de las máscaras y la simulación, quizás producto de la herencia inconsciente aprendida del infeliz cornudo; en cambio el Raro prefirió la carrera de militar en recuerdo del oficio de su verdadero padre: aquél otro guardia nacional, un negro petulante de dudoso espartanismo, muerto borracho en un extraño accidente de tránsito”. (P:5). Este será el punto de partida de la enajenación del personaje con la figura del Libertador, Cito: “…Amaba aquella frase del padre de la patria: “Trabajo, trabajo y más trabajo”. Expresión de un insomne o un loco seguida por la tropa de los cuarteles al pie de la letra…” (P:22). Además que decide ser militar por aquello de la fuerza y el poder que le permite la carrera ante los más débiles: los simples civiles.
Cito: “…Su ingreso a la Escuela de Formación de Oficiales de la Guardia Nacional tenía un solo objetivo; a las múltiples tareas de su personal ambición, se sumaba la determinación de desterrar de su vida cualquier otro rastro de debilidad, incluyendo la vergonzosa y cuestionable pereza del civil.” (P:22). Cabría aquí resaltar las palabras de Popper (1962, citado por Bravo ,1996:27) cuando expresa que “…los hombres se sienten inclinados a reverenciar el poder. Pero no puede caber ninguna duda de que la adoración del poder es uno de los peores tipos de idolatría humana…”. Es esa reverencia al poder lo que conduce al “Raro” a enajenarse por completo con los pensamientos y actos de Simón Bolívar, ya que al ser “El Padre de la Patria” como él mismo se autodenomina, logra influir en los demás , aparte de ser él mismo venerado por éstos, he aquí la presencia del poder que tiene este personaje dentro de la novela. Éste insiste en modelarse, copiando cada una de las cualidades de Bolívar, como por ejemplo el de escribir epístolas, Cito: “…Periodo durante el cual descubrió el arte de escribir cartas. Una inclinación que buscó emparentar con la del padre de la patria. Al encontrar en la biblioteca de la tía los tomos de su extensa correspondencia, se trasnochó leyéndolas con la escasa luz de una vela; luego, se esforzó en aprenderse de memoria cada una de las misivas bajo la regadera del baño. A hurtadillas las arrancó de los volúmenes, para después agregar en su lugar las que él hubiera escrito de haber estado en las mismas situaciones históricas que impulsaron al Libertador a redactarlas…Sólo tenía doce años. Para el Raro, en esa primera epístola, un sentimiento se le reveló como el inaugural alumbramiento de la conciencia”. (P: 24-25). Incluso entre líneas el escritor nos revela esta frase “Se puede llegar a odiar, sin razón aparente, a quien más se ama. ¿Le había ocurrido eso a Simón Bolívar con Francisco de Miranda y Manuel Piar?”. Pregunto , ¿Podría el Raro representar a una buena parte de la sociedad venezolana. Es que todo lo complejo de este personaje se desata desde muy temprana edad cuando en un acto cultural del colegio dirige su primera obra, ya dando destellos de lo que sería su conflictiva vida como militar. Cito: “…los reuniría en una obra teatral escrita y dirigida por el Raro. Una alegoría épica donde se representaba el famoso Decreto de Guerra a muerte. El Raro reservó para su hermano el papel del realista español y para sí el del más sublime de los patriotas: El Libertador. En la efervescencia de la ira y la venganza del prócer, el protagonista se ocupó de ajusticiar al invasor enterrando en su pecho una bayoneta de madera…” (P: 25). Con estas descripciones, Edilio Peña, nos hace entrever lo que será un personaje polifacético e interesante, con una pregunta sugerente y directa, hecha al lector, marca el inicio, durante la novela, de un nuevo discurso del Raro, ya no como militar contundido por su infancia trastornada , sino con su sueño realizado de ser el “Padre de la Patria”.
Cito: “¿El punto de arranque de la trágica transformación de la personalidad del Raro no sería un lacerante incidente anidado en la primera infancia?. (P:25). Con todo ello el escritor plasma en su novela, y es condición desencadenante a otras de sus piezas, las desgracias humanas, vistas desde lo más ínfimo y subterráneo, donde los desmanes de la vida conducen a la locura misma, él, el escritor, muestra ese otro lado de las emociones, donde la felicidad se desplaza y desaparece, para luego revivirlo con la esperanza de otro texto bien acabado, y cargado nuevamente de temas y personajes, mártires de sus propias historias. Es indudable que el discurso del Raro, viene con intenciones de revelarnos las tragedias de ser un prócer independentista, cuya vida estuvo marcada con proezas y desventuras. Ahora ¿dónde entra lo irónico y paródico?.
Parodia e ironía: La risa, un instrumento poderoso
En algunos casos el discurso está cargado , intencionalmente o no, de ironía, y si antes se hablaba de ésta como un tropo de la retórica, en la actualidad podríamos estar ante una situación más filosófica. Víctor Bravo en su libro “Figuraciones del poder y la ironía” reseña que: “En la historia de Occidente es posible señalar por lo menos tres momentos estelares del pensamiento irónico: la ironía como forma de conocimiento, en Sócrates; la ironía como concepción estética, sobre todo a partir de las teorías románticas de Friedrich von Schlegel; y la ironía como visión del mundo…”(1996: 88).
Derrida , por otro lado, (1971, citado por Bravo, 1996:118) inserta el término de “reescritura desconstructiva” para referirse a la parodia ya que “desmonta y niega los valores del modelo en el mismo acto en que lo afirma, e, incluso, le hace un homenaje”. Es evidente que el Raro se afirma como el Libertador, le rinde culto y a la vez desmitifica su discurso. Bajtin (citado por Viñas, 2002) propone en resumen que la ironía y la parodia: “…son armas eficaces para la subversión, pues en ellas se da un fenómeno de bivocalidad (dos voces expresadas a la vez) y una de las voces es la oficial y parodiada, mientras que la otra es la transgresora que parodia e ironiza…” (P: 468) Como bien dijimos al comienzo, el médium de Simón Bolívar es la madre del Raro, ella deja bajar al Libertador en su cuerpo para hablar con él, esto se aprecia durante el siguiente diálogo madre-hijo, cito: “¿Quién eres? – Simón Bolívar. ¿Y tú…? – Tu mamá. La patria…” (P:44). Sin duda alguna que entre estos dos personajes existe una conexión que puede conducir al lector a preguntarse ¿Cómo puede ser el Libertador encarnado por un hombre con tantos problemas afectivos que se hace llamar el Raro por su condición extraña de la vida, e hijo de una patria que deambula desnuda con la muerte posada sobre su hombro?. ¿Es realmente así nuestra sociedad?, ¿somos hijos de la locura?.
Mas adelante observaremos un personaje totalmente enajenado con el Libertador, sin capacidad para distinguirse el uno del otro. Cito: “Por consenso general el Raro recibió la buena noticia de haber sido nombrado delegado estudiantil ante la dirección de la escuela. El nombramiento le produjo tal emoción, que sin poder controlarse comenzó a cantar a todo pulmón el himno nacional….entonces su garganta se desgarró y sus cuerdas vocales dejaron de funcionar por más de un mes…ése es el espíritu patriótico , que lo conduce a hacer esas cosas..”(P: 135-136). ¿Pero qué dice el Raro en su discurso que nos remite a pensar que se afirma como Bolívar, y luego él mismo lo ridiculiza?. A estas alturas de la trama, es él mismo quien nos responde. Se hace llamar “El Padre de la Patria y El Libertador”, pero se cree un dios por serlo, además juega con los preceptos religiosos del “ Corán” uno de los libros con mas restricciones y normas sociales temerarias , para lograr elaborar una especie de “constitución” cargada de sus locuras. Cito: “Más adelante comenzó a aparecer ante ellos con un turbante en la cabeza, llevando en las manos el Corán. Se sentaba cruzando las piernas, y en el medio del círculo pasaba horas tejiendo versículos religiosos con las palabras escritas del Libertador, hasta crear una inusual composición de preceptos de vida y sociedad que los participantes debían memorizar y copiar en sus cuadernos…” Una vez construidas sus reglas, para formar la sociedad que anhela, comienza a ganar adeptos a su sistema, para ser considerado el verdadero padre de la patria. ¿Podría ser acaso una simulación muy parecida a la vida del Libertador?.
Cito: “-Necesitamos un gobierno de carácter musulmán, que acabe con todos estos años de democracia corrupta y pendenciera. -Presumo que eso no será fácil, por la tradición cristiana de este pueblo- observó el más participativo de sus acólicos. - Dejará de serlo con nuestro ejemplo. A partir de ahora nadie beberá una gota de alcohol, no comerá carne y no volverá a fornicar- determinó el Raro, después de haber jurado no fumar nunca más. -Pero, maestro…-resistió un cadete. -No me digas maestro, llámame mi comandante. ¿Okey?..” (P:137). Cuántas cosas pueden ser leídas en medio de estas frases del Raro, una demencia poderosa capaz de arrastrar a otros, ¿Puede ser un espejo de nuestra sociedad, vista del lado de la confidencia?. Cito: “-Comandante, ¿y cómo haremos para controlar nuestros instintos?... -¡Beban agua, coman monte y háganse la paja! -¿Y para defecar? -No será necesario. Usarán un tapón. -¿Cómo?- volvió a preguntar el discípulo, lanzando una carcajada a los oídos del conjunto. El Raro reaccionó violentamente y amenazó con fusilar al impertinente…en medio de la explosión de ánimos, otro de los cadetes tuvo el valor de acosar, con otra pregunta, al prospecto singular de Mesías. -Entonces, ¿usted no cree que el Libertador tenía sentido del humor?. -No, el Libertador no perdía tiempo. El Libertador era un hombre muy serio. No creía. ¿Usted no ve que no hay ningún cuadro donde él esté riendo?- completó desafiante el iluminado…” (P:137). “Iluminado, prospecto de Mesías, Libertador” son revelaciones claves que nos da el escritor de la magnitud de locura a la que ha llegado este personaje a lo largo de la historia y de cómo ridiculiza la figura de Simón Bolívar, y sobre todo del militar, cuando él dice: “-Por ahora y por siempre, estarán ligados a mí eternamente como la patria a mi corazón. ¡Vamos muchachos, la revolución patriótica nos espera!- gritó el Raro en medio del campo de batalla”. (P: 139). ¿Qué especie de hombre en su condición de militar puede llegar a reunir tanto odio consigo mismo, que incurra en desvalorizar la condición de militar o del mismo Sucre, Urdaneta o Simón Bolívar, para saciar sus propias ambiciones?. Sin duda alguna que el discurso del Raro, se apropia del discurso del Libertador, pero definitivamente lo altera y lo adapta a sus propias necesidades, mofándose de éste. Cito: “Pero entonces el toque se hizo más intenso, y se coló por los oídos del espíritu encarnado de Simón Bolívar. -Urdaneta… -Sí mi general. -Alguien está tocando la puerta de la calle. -¿Quién será? – preguntó Anzoátegui frunciendo el ceño. -Voy a ver- dijo Urdaneta, y se encaminó hacia la entrada de la casa con una vela de sebo encendida. -Tenga cuidado a quien le va a abrir- le advirtió Bolívar al evrlo partir. -Lo tendré en cuenta mi general…. -¡Mi general, afuera está un loco con un burro! Pregunta por usted. -¿Quién será? -Lleva una boina puesta que tiene una estrella dorada de comandante. -Voy a ver…-decidió el padre de la patria. -¿Lo acompañamos? -No. Con mi heroísmo es más que suficiente…. De inmediato exclamó, alborozado. -¡Maestro! -¿Quién es, general?...¿Simón Rodríguez?-gritó Sucre desde el fondo de la casa. -¡No chico, es Supermán!.” (P: 141-142). En este juego de palabras, vemos como ha evolucionado la personalidad deprimente del Raro y cómo ha logrado influir a los demás estudiantes de la academia, ahora envueltos en esta maraña de condiciones y actitudes, creyéndose ser los próceres independentistas, el escritor nos regala un nuevo personaje “Supermán”, que viene a terminar de ridiculizar al gobierno instaurado por el Raro, en la “Cruz Más lejana del puerto”. Y aunado a ello, un Supermán con boina de comandante, para romper con los preceptos sociales de que “un verdadero soldado no puede llevar los interiores por fuera”, en este caso este personaje viene a jugar un papel importante en la interpretación político-social de la obra, éste no es más que un viejo profesor universitario y guerrillero, lo que él representa está por demás explícito. Cito: “En la agitada actividad militar, el mariscal Antonio José de Sucre entró a la oficina del Libertador. -¡General, ahora es nuestro turno!. -¿Turno de qué, chico?-preguntó Bolívar descentrado, limándose las uñas de las manos. -¡De tomar el palacio de gobierno!. -¿Eso no le tocaba a Supermán? -No, a mí no. Yo no soy militar de carrera, mi oficio es ser guerrillero. Lo mío es hundirme en la espesura de la montaña y en la clandestinidad urbana. Además, yo actúo como el crimen, en la sombra… -Bueno, ¿en qué quedamos? ¿no íbamos a hacer la revolución?-insistió el prócer de Cumaná sin poder reprimir su molestia. -Es verdad. Lo había olvidado – repuso el Raro volviendo a sus cabales-.Mariscal, ataque el objetivo con el pelotón a su mando. -Sí, mi general. -Yo lo sigo después, antes debo ir al baño. -Y yo seguiré el desarrollo de los acontecimientos desde la pantalla del televisor. Cualquier cosa, me llaman- agregó Supermán bebiendo y comiendo de una lata de cerveza y una bolsita de papas fritas”. (P:175-176). Es importante resaltar aquí las palabras de Víctor Bravo cuando dice “El relato de ficción puede atender a la creación por lo imaginario, pero es frecuente que, en atención a su necesidad de verosimilitud, se alimente del dato histórico” (P:68). Quizás revivamos algún momento histórico acaecido en el país hacia 1989, cuando leemos este diálogo, confirmado aún más cuando se lee: “…Acto, seguido el ejército comandado por Sucre avanzó hacia el palacio de gobierno como los mejores húsares independentistas. El tronar de un F16 los escoltó rompiendo la barrera del sonido. El fuego de la artillería se abrió paso y la respuesta de la guardia presidencial no se hizo esperar. La guerra se había desatado…el mariscal Sucre preguntó… -¿Y el Libertador cuándo habrá de venir? -No sé, pero debe estar por llegar… A lo lejos…descendió por el medio de la avenida solitaria, fuera de sí, la figura del Raro arrastrando, con una cuerda, un infantil juguete de madera. Asombrados los presentes no podía creer que el máximo líder de la revolución fuera al combate con aquel diminuto e inofensivo tanque de guerra. Entonces Supermán se quedó petrificado frente al televisor..tomando su vieja pistola: -Esto se jodió- y se voló la tapa de los sesos”. (P:177-178). Con todo ello podemos afirmar que sí podemos hablar de un discurso cargado de parodia e ironía, en palabras de Bajtin “Discurso carnavalesco”, ya que podemos apreciar la fiesta de personajes cuyos diálogos revelan sucesos históricos en la vida de los venezolanos, de cómo la infancia perturbada del Raro, desencadena un sin fin de locuras y posturas ante la sociedad que lo llevan a una demencia total, todo ello con la intención de hacer reír al lector, pero además de sembrar un sin fin de interrogantes y dudas acerca de la vida de nuestro Libertador Simón Bolívar. Pregunto ¿Será que en las páginas de la historia no está reseñado el odio, el celo y la locura de nuestros próceres y su sed incansable de protagonismo histórico más allá del que estamos acostumbrados? O ¿Es sólo en el poder creador y la ficción de un escritor en que es permitido revelarlos?. “La Cruz más lejana del puerto” de Edilio Peña, es un texto complejo, que merece más atención, con una estructura poderosa y una imaginación como pocos escritores venezolanos la poseen, y si hablamos de sus personajes únicos, El Raro es la apertura a un nuevo espacio, a una nueva encarnación de éste en el personaje de “Homero” en “El acecho de Dios”. La ironía es el primer indicio de que la conciencia se ha tornado consciente” Fernando Pessoa.
BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA
· Bravo, Víctor (1996). Figuraciones del poder y la ironía. Monte Ávila Editores. Caracas, Venezuela.
· Bravo, Víctor (1993).Los poderes de la ficción. Monte Ávila Editores. Caracas, Venezuela.
· Barrera, L. Luís (1997). Desacralización y parodia. Aproxmación al cuento venezolano del siglo XX. Monte Ávila Editores. Caracas, Venezuela.
· M. Bajtin. La cultura popular en la Edad Media y en el Renacimiento: El contexto de Francois Rabelais. Digitalización: Nacaveva Morales. Esta Edición: Marxists Internet Archive, diciembre de 2001. Tomado de www.marxists.org/espanol/bajtin/index.htm
· Peña, Edilio (2003). La Cruz más lejana del puerto. Monte Ávila Editores. Caracas, Venezuela.
· Tzu, Sun. (2000). El arte de la guerra. Colección Palma Viajera. Educen, 1ª Edición.
· Viñas, David (2002). Historia de la crítica literaria del siglo XX. Ed. Ariel.

Autora: Yoselin Palmisano